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Poemas




Id, pues, vagabundos, sin tregua " Id, pues, vagabundos, sin tregua, errad, funestos y malditos a lo largo de los abismos y las playas bajo el ojo cerrado de los paraísos. (...) Y nosotros que la derrota nos ha hecho, ay, sobrevivir, los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada, sangrantes, flojos, deshonrados, cansados, vamos, penosamente ahogando un lamento sordo. " Pon tu frente sobre mi frente " Pon tu frente sobre mi frente y tu mano en mi mano. Y hazme los juramentos que romperás mañana. Y lloremos hasta que amanezca, mi pequeña fogosa. " Primavera Tiernamente la joven mujer de cabello rojizo Conmovida ante tanta inocencia Le dijo a la rubia muchacha Estas palabras en suave voz "Savia que se eleva; flores que se abren tu juventud es una glorieta permite a mis dedos vagar por la hierba donde se estremece el capullo de la rosa Déjame por entre el herbaje puro Beber las gotas del rocío Que humedece a la tierna rosa,.. De modo que el placer, mi cariño Avive tu rostro Como el amanecer el azul del cielo Su adorado cuerpo bello, armonioso Perfumado, blanco como el blanco Rosa, emblanquecido con pura leche, rosado Como un lirio bajo un cielo púrpura Bellos los muslos, enhiestos los pechos Tu espalda, hombros, vientre, un banquete Para los ojos y para las curiosas manos Para los labios y todos los sentidos "Pequeña niña, deja ver si tu lecho tiene aún debajo de la roja cortina la hermosa almohada que lleva y las salvajes sábanas. Oh a tu lecho. Mi sueño familiar Tengo a veces un sueño extraño y penetrante de una mujer desconocida a la que amo y que me ama y que no es, cada vez, en absoluto la misma Porque ella me comprende, y mi corazón transparente para ella sol, ¡ay! cesa de ser un problema para ella sola, y los sudores de mi frente pálica ella sola los sabe refrescar, llorando ¿Es morena, rubia o pelirroja?. Lo ignoro. ¿Su nombre? Recuerdo que es dulce y sonoro como los de los amados que la Vida exilia Su mirada es parecida a la mirada de las estatuas y, en su voz, lejana, calma y grave, tiene la inflexión de las voces queridas que se han matado En el balcón En el balcón las amigas miraban ambas como huían las golondrinas Una pálida sus cabellos negros como el azabache, la otra rubia Y sonrosada, su vestido ligero, pálido de desgastado amarillo Vagamente serpenteaban las nubes en el cielo Y todos los días, ambas con languideces de asfódelos Mientras que al cielo se le ensamblaba la luna suave y redonda Saboreaban a grandes bocanadas la emoción profunda De la tarde y la felicidad triste de los corazones fieles Tales sus acuciantes brazos, húmedos, sus talles flexibles Extraña pareja que arranca la piedad de otras parejas De tal modo en el balcón soñaban las jóvenes mujeres Tras ellas al fondo de la habitación rica y sombría Enfática como un trono de melodramas Y llena de perfumes la cama vencida se abría entre las sombras Pensionistas Una tenía quince años, la otra dieciséis Y ambas dormían en la misma pequeña habitación Esto sucedió una sofocante noche de Septiembre Quebrantables asuntos! Ojiazules y con mejillas de marfil Para refrescar sus delicados cuerpos, se despojaron De las exquisitas camisas perfumadas de ámbar La más joven levantó sus manos inclinándose hacia atrás Y su amiga, con sus manos en sus pechos, la besó. Entonces bajó a sus rodillas, y, en un arrebato Pegó a la pierna de la otra su mejilla, y su boca Acarició el dorado oro entre las grises sombras Y durante todo ese tiempo la mas joven contaba Con sus queridos dedos los prometidos valses Y sonrojándose, inocentemente sonreía. Lastitud Encantadora mía, ten dulzura, dulzura... calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional; la amante, a veces, debe tener una hora pura y amarnos con un suave cariño fraternal. Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa; yo prefiero al espasmo de la hora violenta el suspiro y la ingenua mirada luminosa y una boca que me sepa besar aunque me mienta. Dices que se desborda tu loco corazón y que grita en tu sangre la más loca pasión; deja que clarinee la fiera voluptuosa. En mi pecho reclina tu cabeza galana; júrame dulces cosas que olvidarás mañana Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa. Aria de antaño Lucen vagamente las teclas del piano a la luz del suave crepúsculo rosa, y bajo los finos dedos de su mano un aire de antaño canta y se querella en la diminuta cámara suntuosa en donde palpitan los perfumes de Ella. Un plácido ensueño mi espíritu mece mientras que el teclado sus notas desgrana; ¿por qué me acaricia, por qué me enternece esa canción dulce, llorosa e incierta que apaciblemente muere en la ventana a las tibias auras del jardín abierta...?