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La Última Inocencia



La última inocencia fue el segundo libro de poemas de Alejandra Pizarnik. Fue editado en 1956, bajo el sello Poesía Buenos Aires, que dirigía el poeta y traductor Raúl Gustavo Aguirre. En 1976 la editorial Botella al Mar (dirigida por el poeta Arturo Cuadrado) re-editó este libro junto con "Las aventuras perdidas", incluyendo el famoso prólogo escrito por el poeta y pintor surrealista Enrique Molina. Dicha edición cuenta con grabados en madera realizados por Luis Seoane. Los poemas incluídos en esta página están tomados de dicha edición. Agradezco de manera especial a Alejandrina Devescovi el permiso para reproducirlos.


Sueño

Estallará la isla del recuerdo.
La vida será un acto de candor.
Prisión
para los días sin retorno.
Mañana
los monstruos del buque destruirán la playa
sobre el vidrio del misterio.
Mañana
la carta desconocida encontrará las manos del alma.


La Última Inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!


A la espera de la oscuridad

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos


Balada de la piedra que llora
a Josefina Gómez Errázuris

la muerte se muere de risa pero la vida
se muere de llanto pero la muerte pero la vida
pero nada nada nada


Poema para Emily Dickinson

Del otro lado de la noche
la espera su nombre,
su subrepticio anhelo de vivir,
¡del otro lado de la noche!

Algo llora en el aire,
los sonidos diseñan el alba.

Ella piensa en la eternidad.


Sólo un nombre

alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra